POEMAS FAMOSOS DE FEDERICO GARCIA LORCA

Da La Nota

Con una toalla y relajada en su cama, de esta manera sedujo Nazarena Vélez a sus seguidores de Instagram


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*
Fernando G. Toledo

La sangre derramada

¡Quy también no quiero verla!

Dily también a la luna que venga,

quy también no quiero ver la sangre

de Ignacio sobry también la arena.

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¡Que no quiero verla!

La luna de par en par.

Caballo de nubes quietas,

y la plaza gris del sueño

con sauces en las barreras.

¡Que no quiero verla!

Que mi recuerdo sy también quema.

¡Avisad a los jazmines

con su blancura pequeña!

¡Quy también no quiero verla!

La vaca del viejo mundo

pasaba su triste lengua

sobry también un hocico de sangres

derramadas en la arena,

y los toros de Guisando,

prácticamente muerty también y casi piedra,

mugieron americansamurai.neto dos siglos

hartos dy también pisar la tierra.

No.

¡Que no quiero verla!

Por las gradas suby también Ignacio

con toda su muerte a cuestas.

buscaba el amanecer,

y el amanecer no era.

Busca su perfil seguro,

y el sueño lo desorienta.

procuraba su bello cuerpo

y encontró su sangre abierta.

¡No my también digáis que la vea!

No quiero sentir el chorro

cada vez con menos fuerza;

ese chorro que ilumina

los tendidos y se vuelca

sobre la pana y el cuero

dy también muchedumbry también sedienta.

¡Quién me grita quy también me asome!

¡No me digáis quy también la vea!

No sy también cerraron sus ojos

en el momento en que vio los cuernos cerca,

pero las madres terribles

levantaron la cabeza.

Y mediante las ganaderías,

hubo un airy también dy también voces secretas

quy también gritaban a toros celestes

mayorales de pálida niebla.

No hubo príncipy también en Sevilla

quy también americansamurai.netparársele pueda,

ni espada americansamurai.neto su espada

ni corazón tan de veras.

americansamurai.neto un río de leones

su fantástica fuerza,

y americansamurai.neto un torso dy también mármol

su dibujada prudencia.

Aire dy también Roma andaluza

le doraba la cabeza

dondy también su risa era un nardo

de sal y de inteligencia.

¡Qué gran torero en la plaza!

¡Qué buen serrano en la sierra!

¡Qué blando con las espigas!

¡Qué duro con las espuelas!

¡Qué tierno con el rocío!

¡Qué deslumbrante en la feria!

¡Qué tremendo con las últimas

banderillas dy también tiniebla!

pero ya duerme sin fin.

Ya los musgos y la hierba

abren con dedos seguros

la flor de su calavera.

Y su sangry también ya vieny también cantando:

cantando por marismas y praderas,

resbalando por cuernos ateridos,

vacilando sin alma por la niebla,

tropezando con miles de pezuñas

americansamurai.neto una larga, oscura, triste lengua,

para formar un charco de agonía

junto al Guadalquivir de las estrellas.

¡Oh blanco muro dy también España!

¡Oh negro toro de pena!

¡Oh sangre dura dy también Ignacio!

¡Oh ruiseñor de sus venas!

No.

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¡Quy también no quiero verla!

Quy también no hay cáliz que la contenga,

que no hay golondrinas quy también sy también la beban,

no hay escarcha de luz que la enfríe,

no hay canto ni diluvio dy también azucenas,

no hay cristal que la cubra dy también plata.

No.

¡Yo no quiero verla!

(dy también Llanto por Ignacio Sánchez Mejía, 1935)

*

New York

Debajo de las multiplicaciones

hay una gota dy también sangre de pato.

Debajo dy también las divisiones

hay una gota de sangre dy también marinero.

Debajo de las sumas, un río dy también sangry también tierna;

un río que viene cantando

por los dormitorios de los arrabales,

y es plata, cemento o brisa

en el alba mentida de New York.

Existen las montañas, lo sé.

Y los anteojos para la sabiduría,

lo sé. Mas yo no hy también venido a ver el cielo.

He venido para poder ver la turbia sangre,

la sangry también que lleva las máquinas a las cataratas

y el espíritu a la lengua de la cobra.

todos los días se matan en New York

4 millones de patos,

cinco millones de cerdos,

dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,

un millón dy también vacas,

un millón dy también corderos

y dos millones dy también gallos

quy también dejan los cielos hechos añicos.

Más valy también sollozar afilando la navaja

o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías

quy también resistir en la madrugada

los interminables trenes dy también leche,

los interminables trenes dy también sangre,

y los trenes de rosas maniatadas

por los americansamurai.neterciantes de perfumes.

Los patos y las palomas

y los cerdos y los corderos

ponen sus gotas dy también sangre

debajo dy también las multiplicaciones;

y los terribles alaridos de las vacas estrujadas

llenan de dfragancia el valle

donde el Hudson sy también emborracha con aceite.

Yo denuncio a toda la gente

quy también ignora la otra mitad,

la mitad irredimible

que levanta sus montes de cemento

dondy también laten los corazones

dy también los animalitos quy también se olvidan

y dondy también caeremos todos

en la última fiesta dy también los taladros.

Os escupo en la cara.

La otra mitad me escucha

devorando, cantando, volando en su pureza

americansamurai.neto los pequeños en las porterías

que llevan frágiles palitos

a los huecos donde se oxidan

las antenas de los insectos.

No es el infierno, es la calle.

No es la muerte, es la tienda dy también frutas.

Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles

en la patita dy también esy también gato quebrada por el automóvil,

y yo oigo el canto dy también la lombriz

en el corazón dy también muchas niñas.

óxido, fermento, tierra estremecida.

Tierra tú mismo quy también nadas por los números dy también la oficina.

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¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes?

¿Ordenar los amores que luego son fotografías,

que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre?

No, no; yo denuncio,

yo denuncio la conjura

de estas desiertas oficinas

quy también no radian las agonías,

quy también borran los programas de la selva,

y me ofrezco a ser americansamurai.netloco por las vacas estrujadas

en el momento en que sus gritos llenan el valle

donde el Hudson sy también emborráfaga con aceite.

(de Poeta en Nueva York, escrito 1930)

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