TRES METROS SOBRE EL CIELO PDF

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Libro proporcionado por el equipoLe LibrosVisity también nuestro sitio y descarga esto y otros miles y miles de libroshttp://LeLibros.org/Descargar Libros Gratis, Libros PDF, Libros en línea En Roma, como en cualquier otra urbe del mundo, los adolescentesquieren volar, buscan caminar «tres metros sobry también el cielo».

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Las chicascomo Babi se esmeran en sus estudios, hablan del último grito en moda ysy también preparan para localizar al amor dy también sus vidas; los chicos como Stepprefieren la velocidad, la violencia, el riesgo y la camaradería dy también las bandas,mas todos ellos sy también implican en la vida como si cada segundo fuera elúltimo. Pertenecen a mundos distintos, desean cosas diferentes pero tienenalgo en común: el amor que les hará flotar y sostenerse, el amor que leshará encontrarsy también y cambiar: ellas se volverán más salvajes; ellos mástiernos. Mientras, allí abajo, la vida real ya les reclama. Tres metros sobreel cielo es una comedia romántica y un retrato de la efímera adolescencia.Y tiene una historia muy especial: publicado por primera vez en mil novecientos noventa y dos enuna edición mínima pagada por el propio autor y que se agotóinmediatamente, fue fotocopiado una y otra vez, y circuló dy también mano en manohasta el momento en que sy también reeditó en 2004, convirtiéndose en un espectacular éxito deventas.«Un libro que conquista tanto a los jóvenes como a los treintañeros que aúnrecuerdan la magia dy también sus dieciséis años». Giogia. Federico MocciaA tres metros sobry también el cieloA tres metros I A mi padre, un gran amigo, que my también enseñó mucho.A mi madre, una bella mujer, quy también my también enseñó a reír. Uno« Cathia tiene el culo más bonito de Europa» . El rojo grafito rebrinca con toda sudesfachatez sobry también una columna del puente dy también la avenida dy también Francia.No muy lejos, un águila real, esculsolicite hace ya mucho tiempo, ha visto sinduda al culpable pero no hablará nunca. Un tanto más abajo, como un pequeñoaguilucho protegdesquiciado por aquellas rapaces zarpas de mármol, está sentado él.El pelo corto, prácticamente al rape, a ras del peinstituto nacional de estadística y alto en el cuello como un marine,una cazadora Levi’s oscura.El cuello levantado, un Marlboro en la boca, las Ray-Ban en los ojos. Tieneairy también dy también duro, aunque no lo necesite. Una sonrisa preciosa, a pesar de que no seanmuchos los quy también han tenorate la suerty también dy también poder apreciarla.algunos coches en el fondo del paso elevado sy también han detenorate amenazadores enel semáforo. Alineados como en una carrera, si no fuera por su variedad. UnCinquecento, un New Beetle, un Micra, un coche americano no mucho másidentificable, un viejo Punto.En el interior de un Mercedes 200, un dedo fino de uñas diminutas y mordidasda un ligero empujón a un CD. Desdy también los altavoces laterales Pioneer la voz de unconjunto dy también rock cobra vida dy también repente.El coche sy también pone de nuevo en marcha, arrastrado por la corriente. Ellaquerría saber « ¿Dóndy también está el amor?» . Mas ¿existe realmente? cuando menos tieneclara una cosa: ly también gustaría poder deshacerse dy también su hermana que, desdy también el asientotrasero, repite una y otra vez: « Pon el de Eros, venga, quiero escuchar a Eros» .El Mercedes pasa justo en el momento en el que ese cigarrillo, yaconsumido, cay también al suelo, empujado por un movimiento preciso de los dedos yayudado por un tanto dy también viento. Él baja los escalones de mármol, sy también arregla sus50uno y luego suby también a la Honda azul VF 750 Custom. Como por arty también de magia, seencuentra entry también los coches. Su Adidas derecha cambia las marchas, retiene odeja ir el motor que, potente, lo impulsa como una ola en el tráfico.El sol está ascendiendo en el cielo, es una bonita mañana. Ella sy también dirige alcolegio, él todavía no ha orate a dormir desdy también la nochy también anterior. Un día cualquiera.solo quy también los dos sy también encuentran en el semáforo. Y de ahí que ese día no va a ser comolos demás.Rojo.Él la mira. La ventanilla está abierta. Un mechón dy también pelo rubio cenizadescubry también a trozos su cuello suave. Un perfil delicado pero decidido, los ojosazules, dulces y serenos, escuchan embelesados y entornados una canción. Tantacalma lo impresiona.—¡Eh!Ella sy también vuelve hacia él, sorprendida. Él ly también sonríe, parado al lado de ella, sobreaquella moto, los hombros anchos, las manos demasiado morenas para aquella mitad de abril.—¿Te apetecy también dar una vuelta conmigo?—No, voy al colegio.—puesto que no vayas, disimula, ¿no? Ty también recojo ahí delante.—Perdona. —La sonrisa dy también ella es forzada y falsa—. Me he equivocado derespuesta. No my también apetecy también dar una vuelta contigo.—Mira quy también conmigo ty también divertirías…—Lo dudo.—Resolvería tus problemas.—Yo no tengo problemas.—Esta vez soy yo el quy también duda.Verde.El Mercedes 200 acelera cara delante dejando quy también sy también desvanezca la sonrisadescarada de él. Su padry también sy también vuelvy también cara ella.—pero ¿quién era ése? ¿Un amigo tuyo?—No, papá, sólo un imbécil…algunos segundos después, la Honda se sobre nuevo. Él se sujeta con lamano izquierda a la ventanilla y con la derecha da un poco dy también gas, intentando nohacer demasiado esfuerzo, a pesar de que con aquel cuarenta dy también brazo nodebería suponerle un gran problema.El único que parece tener alguno es su padre.—mas ¿quién es esy también inconsciente? ¿por qué sy también acerca tanto?—Tranquilo, papá, yo my también encargo…Sy también vuelvy también decidida hacia él.—Oye, ¿no tienes nada mejor quy también hacer?—No.—En ese caso, búscatelo.—Hy también encontrado ya algo quy también my también gusta.—¿Se puede saber qué es?—Ir a dar una vuelta contigo. Venga, te llevo a la Olimpica, vamos a ir a todo gascon la moto, luego ty también invito a comer y ty también devuelvo justo al salir del colegio. Telo juro.—My también parecy también que tus juramentos deben dy también valer bien poco.—Eso es verdad —sonríe—, ves, ya sabes muchas cosas sobre mí, di laverdad, ty también gusto, ¿eh?Ella sy también ríe y sacude la cabeza.—Bueno, ahora basta —y abre un libro quy también saca dy también su bolsa Nike de piel—,tengo que pensar en mi auténtico y único problema.—¿Cuál es?—La interrogación dy también latín.—Creía quy también era el sexo. Ella se da la vuelta, enojada. Esta vez ya no sonríe, ni tan siquiera para bromear.—Quita la mano dy también la ventanilla.—¿Y dóndy también quieres quy también la ponga?Ella aprieta un botón.—No puedo decírtelo, mi padre está aquí.La ventanilla eléctrica inicia a subir. Él espera hasta el final, antes deretirar la mano.—Nos vemos.No ly también da tiempo a percibir su seco « No» . Se ladea ligeramente hacia la derecha.Emboca la curva, reducy también la marcha y adquiery también potencia desapareciendo velozentry también los coches. El Mercedes continúa su recorrido, ahora más tranquilo, haciael colegio.—¿Sabes quién es ése? —La cabeza dy también su hermana sy también asoma dy también repenteentre los dos asientos—. Lo llaman diez y Matrícula de Honor.—A mí me parecy también sólo un idiota.ahora abry también el libro de latín y empieza a repasar el ablativo absoluto.Repentinamente, deja dy también leer y mira hacia fuera. ¿Es realmente ese su únicoproblema? Por descontado, no es el que dicy también ese tipo. Y, de todos modos, qué másda, lo más probable es que no lo vuelva a ver. Sy también concentra nuevamente en su libro.El cochy también gira a la izquierda, cara el Falconieri.« Sí, yo no tengo problemas y no lo volveré a ver» .No sabe, realmente, hasta qué punto sy también equivoca. Sobre las dos cosas. DosLa luna sy también asoma, alta y pálida, por entre las ramas dy también un árbol frondoso. Losruidos se oyen extrañapsique lejanos. Desde una ventana llegan ciertas notas deuna música lenta y agradable. Un tanto más abajo, las líneas blancas del campody también tenis resplandecen rectas bajo la palidez lunar y el fondo dy también la piscina vacíaespera melancólico el verano. En el primer piso dla construcción una muchacha rubia,no muy alta, dy también ojos azules y piel aterciopelada, sy también mira indecisa al espejo.—¿precisas la camiseta negra elástica de Onyx?—No lo sé.—¿Y los pantalones azules? —grita Daniela desde su habitación.—No lo sé.—Y las mallas, ¿ty también las vas a poner?Daniela está ahora en la puerta, mira a Babi. Los cajones de la cómodaabiertos y la ropa esparcida por doquier.—Entonces cojo esto…Daniela sy también adelanta entry también ciertas Superga tiradas por el suelo, todas dy también latreinta y siete.—¡No! Eso no te lo pones porque my también agrada mucho.—Yo lo cojo de todos modos.Babi sy también levanta dy también un salto con las manos apoyadas en las caderas.—Lo siento, mas no my también lo he puesto nunca…—¡Podías haberlo hecho antes!—Sí, ¿y si luego me lo desbocas todo?Daniela mira irónica a su hermana.—¿Qué? ¿Estás bromeando? Mira quy también fuiste tú la que el otro día sy también puso mifalda azul elástica y ahora para ver mis bonitas curvas hay quy también ser adivino.—¿Y qué tiene que ver? Esa la ensanchó Chicco Brandelli.—¿Qué? ¿Chicco lo ha intentado y tú no me has dicho nada?—Apenas hay algo que contar.—No me lo creo, a juzgar por mi falda.—Pura apariencia. ¿Qué te parece la camisa rosa melocotón debajo de estachaqueta azul?—No cambies de tema. Cuéntame lo quy también pasó.—Bueno, ya sabes lo que pasa en estos casos.—No.Babi mira a su hermana pequeña. Es verdad, no lo sabe. Todavía no puedesaberlo. Está demasiado rellenita y no hay nada lo bastante bonito en ella comopara persuadir a alguien dy también ensancharle una falda.—Nada. ¿Te acuerdas que el otro día le dijy también a mamá que iba a estudiar conPallina? —Sí, ¿y qué?—Bueno, pues quy también me fui al cine con Chicco Brandelli.—¿Y?—La película no era nada de especial y, pensándolo bien, tampoco él.—Sí, mas vayamos al grano. ¿de qué manera sy también ensanchó la falda?—Bueno, la película llevaba diez minutos empezada y él sy también revolvía sin pararen su asiento. Pensé: « Es cierto que esty también cinstituto nacional de estadística es incómodo pero me parece quelo quy también Chicco quiere es meterme mano» . Y de hecho, poco después, se corrió unpoco hacia un lado y pasó el brazo por mi respaldo. Oye, ¿qué te parece si mepongo el traje, esy también verde con los botoncitos delante?—¡Sigue!—En fin, quy también del respaldo fuy también bajando, poco a poco, hasta llegar al hombro.—¿Y tú?—Yo… nada. Fingía no darmy también cuenta. Miraba la película tal y como si estuvieracon los cinco sentidos puestos en ella. Luego me atrajo cara él y my también besó en laboca.—¿Chicco Brandelli te besó? ¡Guau!—¿por qué razón te agitas tanto?—Caramba, Chicco está muy bueno.—Sí, mas sy también lo crey también demasiado… Siempre está pendiente de él, no deja demirarsy también al espejo… Bueno, en resumen, duranty también el segundo tiempo recobró casidy también inmediato la posición dy también antes. Me adquirió un helado Algida. La películahabía mejorado mucho, quizás fuera en parte gracias a la una parte de arriba delhelado, la de las avellanas. Era fantástica. Así que me distrajy también y my también lo volví ahallar con las manos un poco demasiado bajas para mi gusto. Intenté alejarlomas no sirvió dy también nada, se agarró a tu falda azul. Y de ahí que se ha ensanchado.—¡Menudo cerdo!—Sí, imagínaty también que no tenía ninguna pretensión dy también parar. Y luego, ¿sabes loque hizo?—No, ¿qué hizo?—Sy también desabrochó los pantalones, my también cogió la mano y tiró dy también ella hacia abajo.En fin, cara su cosa…—¡No! ¡Entonces sí quy también es verdaderamente un cerdo! ¿Y después?—Entonces yo, para calmarlo, tuve que sacrificar mi helado. Sy también lo metí porlos pantalones abiertos.

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¡Si vieras el bote quy también pegó!—¡Muy bien, hermanita! Eso sí quy también es tener agallas…Se echan a reír. Luego, Daniela, aprovechando aquel instante de alegría, sealeja con el trajy también verdy también de su hermana.un tanto más allá, en el estudio, Claudio se prepara la pipa sentado en un mullido sofá con dibujos dy también cachemira. Le divierty también trajinar con el tabaco, aunquy también enrealidad se trate solo dy también un compromiso. En casa ya no le dejan fumar susMarlboro. La mujer, fanática jugadora de tenis, y las hijas, demasiadopreocupadas por la salud, lo regañan cada vez que sy también enciende un cigarrillo, poreso se ha pasado a la pipa. « ¡Te da más clase, ty también hacy también parecer más reflexivo!» ,le había dicho Raffaella. Y, de hecho, él se lo ha pensado muy bien. Mejor teneraquel pedazo dy también madera entry también los labios y un bulto de Marlboro escondorate en elbolsillo dy también la chaqueta que discutir con ella.Da una bocanada a la pipa mientras hace un trayecto por los canales detelevisión. Saby también por adelantado dónde detenerse. Unas muchachas descienden poruna escalera lateral canturreando una estúpida canción y mostrando sus senosturgentes.—Claudio, ¿estás listo?Cambia dy también canal de inmediato.—Por supuesto, querida.Raffaella lo mira. Claudio permanecy también sentado en el sofá, perdiendo algo deseguridad.—Ten, cámbiaty también la corbata, ponty también esta burdeos.Raffaella abandona la habitación, dando por zanjada cualquier posiblediscusión al respecto. Claudio deshace el nudo de su corbata preferida. Luegoaprieta el botón número cinco del mando del televisor. Pero, en vez de lasbellezas dy también antes, se tieny también quy también conformar con un ama de casa que, enmarcadapor un alfabeto, trata de hacersy también rica. Claudio se pone la corbata burdeosalrededor del cuello y sy también concentra en el nuevo nudo.En el pequeño baño que hay entry también las habitaciones dy también las dos hermanas,Daniela está exagerando con el contorno dy también ojos.Babi aparece a su lado.—¿Qué te parece?Lleva puesto un vestdesquiciado de flores, rosado y vaporoso. Sy también estrechadelicadapsique en la cintura, para después caer suelto sobry también sus caderasredondeadas.—Bueno, ¿de qué manera estoy?—Bien.—mas no demasiado.—Muy bien.—Sí, pero ¿por qué razón no dices que estoy estupenda?Daniela prosigue intentando quy también la línea que debería alargarle un tanto los ojos lesalga recta.—Bueno, no me agrada el color.—Sí, pero dejando aparte el color…—No my también agradan mucho las hombreras tan grandes. —Sí, mas dejando aparty también las hombreras…—Bueno, ya sabes que no my también gustan las flores.—Ya lo sé pero trata de no tenerlas en cuenta.—En ese caso, estás estupenda.Babi, absolutamente insatisfecha y sin saber ni tan siquiera ella lo que ly también habríagustado oír, coge el frasquito dy también Caronny también que compró con sus progenitores en un duty-frey también al volver dy también las Maldivas. Al salir tropieza con Daniela.—¡Eh, ten cuidado!—¡Ten cuidado tú! A mí me costaría mucho menos ponerte el ojo negro.¡Mira cómo te estás pintando!—Lo hago por Andrea.—¿Qué Andrea?—Palombi. Lo conocí fuera del Falconieri. Estaba hablando con Mara yFrancesca, las de cuarto. En el momento en que se marcharon, le dije quy también yo también iba aclase con ellas. Pintada así, ¿cuántos años my también echarías?—Bueno, sí, la verdad es que pareces más mayor. Quince por lo menos.—mas ¡si yo tengo quince años!—Difumina un poco aquí… —Babi sy también mety también el índice en la boca, sy también lo moja,y después lo apoya sobre los párpados dy también su hermana dándole un leve masaje.—¡Ya está!—¿Y ahora?Babi mira a su hermana enarcando las cejas.—Estás a punto de cumplir dieciséis.—Todavía son muy pocos.—Chicas, ¿estáis listas?En la puerta dy también casa, Raffaella conecta la alarma. Claudio y Daniela pasanveloces por delante de ella, Babi es la última en llegar. Todos entran en elascensor. La velada está a punto dy también iniciarse. Claudio se arregla mejor el nudo dela corbata. Raffaella se pasa repetidas veces la mano derecha por el pelo. Babi secoloca bien la chaqueta oscura de las anchas hombreras. Daniela se mirasimplepsique al espejo, sabiendo puesto que sy también topará con la mirada de su madre.—¿No ty también has pintado demasiado?Daniela prueba a contestar.—Déjalo estar, llegamos tarde, como siempre.Esta vez, la mirada dy también Raffaella se cruza en el espejo con la dy también su marido.—pero ¡si soy yo el quy también os ha estado esperando, a las ocho estaba yapreparado!Dejan atrás en silencio los últimos pisos. En el ascensor entra el fragancia delestofado de la mujer del portero. Aquel gusto a Sicilia se mezcla por un momentocon la extraña compañía francesa de Caronne, Drakkar y Opium. Claudio sonríe.—Es la señora Terranova. Hace un guiso de carny también fabuloso. —Ly también echa demasiada cebolla —asevera Raffaella quien, hace ya algo detiempo, optó por la cocina francesa ante la sincera preocupación de todos y ladesesperación de la criada sarda.El Mercedes sy también para delanty también del portal.Raffaella, con un ruido dorado dy también joyas, recuerdo dy también fiestas y Navidadesmás o menos felices, prácticamente siempre muy caras, sube delante, las dos hijas detrás.—¿Se puedy también saber por qué no pegáis más la Vespa a la pared?—¿Todavía más? Papá, mira que eres torpe…—Daniela, no te consiento que le hables de esta manera a tu padre.—Oye, mamá, ¿mañana podemos ir en Vespa al colegio?—No, Babi. Todavía hacy también demasiado frío.—mas tenemos el parabrisas.—Daniela…—mas mamá, todas nuestras amigas…—aún no hy también visto a todas estas amigas vuestras con la Vespa.—Si es por eso, a Roberta ly también han regalado la nueva Peugeot que, por cierto, yen tanto que te preocupas tanto, corre incluso más deprisa.Fiore, el portero, levanta la barra. El Mercedes espera, como cada noche, queaquel largo trozo de hierro a bandas rojas suba lentamente. Claudio hacy también un gestopara saludarlo. A Raffaella solo le preocupa dar por concluida la discusión.—Si la semana que viene hace más calor, veremos.El Mercedes party también con una pizca de esperanza más en el asiento posterior ycon un rascón en el espejito lateral derecho. El portero sy también vuelve a concentrar ensu pequeño aparato dy también televisión.—Todavía no my también has dicho cómo estoy con esta ropa.Daniela mira a su hermana. Las hombreras son un tanto anchas y a ella leresulta demasiado seria.—Estupenda.Saby también de forma perfecta de qué forma manejarla.—No es verdad, las hombreras son demasiado anchas y soy demasiadoperfecta, como dices tú. Eres una mentirosa y, ¿sabes lo que te digo? Querecibirás un castigo por esto. Andrea ni siquiera te mirará a la cara. Es más, lohará, pero con todo esy también negro en los ojos no te reconocerá y sy también va a ir con Giulia.Daniela trata de contestarle, sobre todo en lo relativo a Giulia, la peor de susamigas. Mas Raffaella pone punto final a la discusión.—Niñas, dejadlo ya, si no os llevo de vuelta a casa.—¿Doy la vuelta?Claudio sonríe a la mujer, fingiendo desplazar el volante. Pero le basta unamirada para comprender quy también el ambienty también no está para bromas. TresÁgil y veloz, oscuro como la noche. Luz y reflejos van y vienen en los pequeñosespejitos de su moto. Llega a la plaza, aminora la marcha lo justo paracomphurtar quy también no viene absolutamente nadie por su derecha, luego emboca la cally también VignaStelluti a toda velocidad.—Tengo ganas dy también verlo, hacy también dos días que no hablamos.Una agraciada muchacha morena, de ojos verdes y bonitas posaderasaprisionadas en un par dy también crueles Miss Sixty, sonríy también a su amiga, una rubia tan altacomo ella mas algo más regordeta.—Ay, Madda, ya sabes de qué manera es, quy también haya estado contigo no quiery también decir queahora salgáis juntos.Sentadas en sus motos, fuman cigarrillos demasiado fuertes, tratando de darseaires y también dy también aparentar algún que otro año de más.—Y eso qué tiene quy también ver, sus amigos me han dicho quy también él no llama nunca.—¿Por qué, a ti ty también ha llamado?—¡Sí!—Bueno, tal vez sy también haya equivocado dy también número.—¿Dos veces?Sonríe, feliz dy también haber hecho callar a su amiga siempry también con la broma a punto,que, sin embargo, no se da por vencida.—Dy también los amigos no te puedes fiar nunca. ¿Has visto qué caras?Cerca dy también ellas, con unas motos de potencia igual a la dy también sus músculos, Pollo,Lucone, Hook, el Siciliano, Bunny, Schello y muchos más. Nombres improbablesde historias difíciles. No tienen un trabajo fijo. Algunos ni tan siquiera demasiadodinero en el bolsillo, pero sy también divierten y son amigos. Es suficiente. Además, lesagradan las peleas, y de eso jamás falta. Están en la plaza Jacini, sentados sobry también susHarley, sobre viejas 3cincuenta Four con los cuatro silenciadores originales, o con laclásica cuatro en uno, cuyo ruido es más potente. Soñadas, suspiradas yfinalpsique concedidas por sus progenitores gracias a extenuantes súplicas. O alsacrificio del desafortunado alelado quy también olvidó la cartera en el cajetín dy también algunaScarabeo, o en el bolsillo interior dy también una Henry Lloyd demasiado fácil de limpiarduranty también el recreo.Esculturales y sonrientes, siempry también con ganas de bromear, las manos robustascon alguna que otra marca, recuerdo de alguna pelea. John Milius<1> habríaperdloco la cabeza por ellos.Las muchachas, más silenciosas, sonríen; casi todas sy también han escapado de casa,inventando una noche tranquila en casa dy también una amiga que, en cambio, estásentada a su lado, hija dy también exactamente la misma mentira.Gloria, una muchacha con las mallas azules y la camiseta del mismo color con pequeños corazones celestes, hacy también gala de una espléndida sonrisa.—ayer my también divertí un montón con Dario. Celebramos que hacy también seis mesesquy también estamos juntos.« Seis meses, piensa Maddalena. A mí my también bastaría uno…» .Maddalena suspira, luego vuelvy también a encandilarsy también con las palabras dy también su amiga.—Fuimos a comer una pizza a Baffetto.—Vaya, yo asimismo fui.—¿A qué hora?—Mmm… a eso dy también las once.Odia a su amiga quy también interrumpy también el relato. Siempry también hay alguien o algo queinterfiery también en los sueños de uno.—Ah, no, a esa hora nos habíamos marchado ya.—mas bueno, ¿queréis escucharme?Un único « sí» saly también de aquellas bocas dy también gustos particulares a brillo dy también labiosa la fruta o a pintalabios robados a dependientes distraídos o en los bañosmaternos, mejor surtidos, si cabe, que tantas pequeñas perfumerías.—Llegado un momento, sy también acerca el camarero y me tray también un ramo de rosasrojas enorme. Dario sonríe, mientras todas y cada una de las chicas que están en la pizzería memiran conmovidas y también con algo de envidia.casi sy también arrepiente de la frase, al notar a su alrededor exactamente las mismas miradas.—No por Dario… ¡Por las rosas!Una risita tonta vuelvy también a unirlas.—Luego me besó en la boca, me cogió la mano y metió en ella esto.Enseña a las amigas un fino anillo con una pequeña piedra celeste, conreflejos prácticamente tan alegres como los de sus ojos enamorados. Palabras dy también estupor yun « ¡Precioso!» acogen aquel sencillo anillo.—Después nos fuimos a mi casa y estuvimos juntos. Mis padres no estaban,fue estupendo. Puso el CD de Cremonini, my también vuelve loca. Luego nos tumbamosen la terraza bajo un edredón para contemplar las estrellas.—¿Había muchas?Maddalena es, sin lugar a dudas, la más romántica del grupo.—¡Muchísimas!un poco más allá, una versión diferente.—Eh, el día de ayer por la noche no contestabas…Hook. Una banda sobry también el ojo, fija. El pelo ondulado y largo, ligeramentemás rubio en las puntas, ly también da un aire de angelito quy también contradicy también su fama, algoinfernal.—Entonces, ¿sy también puede saber lo quy también hiciste ayer por la noche?—Nada.

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Fui a comer a Baffetto con Gloria y luego, visto quy también no estaban suspadres, fuimos a su casa y lo hicimos. Lo de siempre, nada especial… ¿Habéisvisto cómo han reestructurado el Panda?